Si hablamos de una historia de los sentimientos es porque —y ése es el dato— los
sentimientos tienen historia. Que nuestra tristeza y nuestra frustración no son iguales, tal
vez ni siquiera parecidas, a las que pudo sentir un caballero medieval caído en deshonor
o un pirata de la antigua Grecia al perder un cargamento valioso. Si leemos que un rey de
otro tiempo perdió la cabeza por su esclava favorita, es razonable suponer que lo que
sintió por ella no era exactamente eso que nosotros llamamos amor. No es solo que otras
personas en el pasado se representaran de distinto modo los mismos sentimientos, o que
los sintieran hacia objetos diferentes, sino que sintieron realmente cosas distintas:
emociones quizás perdidas y que ya nunca fueron sentidas de nuevo, como lenguas
olvidadas.
En esta obra reciente, y sin embargo ya clásica, Rob Boddice da un paseo más bien libre
por distintos episodios de la historia de los sentimientos de Occidente. Intentará averiguar
qué pudo sentir en realidad la monja mística Santa Hildegarda cuando creía entrar en
contacto vivo con Dios, por qué la menis de Aquiles no era propiamente ira, ni la
eudaimonia que persiguió Aristóteles, felicidad. Qué sentía por sus pretendientes una
muchacha noble —apenas una adolescente, pero ya política experimentada y nacida para
gobernar— de la Francia del siglo XVII.
Opiniones del libro
Usuario Anónimo
Domingo 14 de Junio, 2026
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Es un gran libro, merece la pena leerlo y la traducción muy bien hecha.