Reseña del libro "Cómo cayó Inocencia"
CÓMO CAYÓ INOCENCIA...A las once, en efecto, la doncella anunció a la viuda. Estaba convenido que se disfrazarían juntas, antes de la comida, y que a las dos y media las recogería a ambas la pandilla pseudococineril de la carroza.-Ahora o nunca- se dijo mentalmente Inocencia al sentir avanzar a Josefina por los corredores, hacia su compartimiento. Y rápida, mal envuelta en su pijama de seda japonesa, tumb ó se boca arriba, en negligente actitud, sobre la cama:-¡Adelante!...- suspiró, con arrastrado mimo de gata adormilada.-Pero ¿t o davía estás así, grandísima perezosa?y Josefina, al decirlo, se aproximó a la chiquilla para est a mparle en la cara un beso de salutación amistosa.-Sí, hijita... ¡Tengo una galbana! Y luego, el baño, la gran pereza de levantarme para zambullirme en el baño... Quisiera que la cama se pudiera transformar , por arte de birlibirloque, en una gran bañera...-Pues verás qué pronto te lanzo fuera, gandula. Ahora verás...La visitante, con resuelta presteza, se despojó del matinal abrigo de punto de seda que cubría su busto y, trepidándole el pecho bajo la leve blusa escotada, se acercó al lecho de su amiga, dispuesta a hacerla saltar de él. Rápidas, sus manos empezaron a recorrer el cuerpo que ya se desperezaba; y sus dedos de rosa se hundían en los ijares, reptaban hasta las axilas, descendían por la espalda hasta las nalgui t as, se introducían por el ancho pernil del pijama hasta cachetear en las corvas, se arremolinaban sobre el diminuto escudo del vientre, volvían a subir hasta las cupulillas de los senos, acariciaban, juguetonas, el escote y la barbilla de Sí-No...-¡Ay,ay,ay! ¡Que no puedo más! ¡Ay!-¡Ah!... Tienes cosquillas, ¿eh? Pues arriba, o no te dejo._¿A que te puedo yo? -dijo la pequeña en un momento en que la otra había suspendido provisionalmente las hostilidades- ¿A que en vez de contagiarme tu actividad te infecto yo a ti con mi pereza?-¿Cómo? ¿A que no?...-Mira, así...Y la virgen, asiendo por los hombros a la viuda, atrajo sobre su boca la boca encendida de ésta y la besó cálidamente entre los labios.Como por ensalmo, Josefina amortiguó el ímpetu de sus ataques. Mejor dicho, cambió a éstos el objetivo. Y sus manos, que yacían inertes sobre el busto de Sí-No, empezaron a buscar tímidamente las cúspides de los apretados y menudos senos. Ya aprietan el vértice agudizado de uno de ellos; ya lo acarician hasta convertirlo en un pico rígido y eréctil, como el botón de una rosa próxima a florecer...No median palabras. La inocente boca de Inocencia sigue pegada a la ardorosa boca de Josefina por toda explicación de esta nueva clase de intimidad establecida, de pronto, entre ambas. Por último, la fiera lúbrica adormecida u oculta en el fondo de la viuda y que Sí-No se había propuesto despertar y sacar a flote con su estratagema, se revela en toda su sensual violencia. Los ojos de Josefina se encienden con una tembladora llama interna, y murmurando palabras de ternura precipitada, la Reina mala de Blancanieves cae de lleno sobre el cuerpo estremecido de curiosidad de la virgen de los diez y ocho abriles; una mano sigue aferrada al pecho; la otra recorre, trémula, la pierna, sube por el muslo y se detiene, al fin, a la entrada misma de la inmaculada gruta del deleite.